El gobierno de Uribe parece tener una clara estrategia militar contra la guerrilla, sin embargo, la estrategia política del actual gobierno no pasa de ser un discurso epidérmico sobre el terrorismo sin objetivo preciso alguno. El gobierno en este aspecto se encuentra siempre a la defensiva. Las FARC ponen el escenario y las reglas del debate político del conflicto ayudados ahora por el presidente Chavez (cuyo papel será objeto de otro escrito). Tenemos entonces a un Estado reactivo y no afirmativo ni propositivo. Los colombianos debemos involucrarnos en el conflicto, pero no en la guerra. Hay quienes como yo no sabemos ni queremos coger un arma. No obstante estoy persuadido que los colombianos tenemos que tomar parte en el conflicto, si bien, no militarmente, si politicamente.
Hay que salir a la calle, a los medios, al ciberespacio. Cada minuto, cada hora, hay que demostrarle a las FARC que sus actos, discursos e ideas no son de recibo en el pueblo colombiano. Ese pueblo al que ellos matan en defensa -dicen- del mismo pueblo. Pues NO!, hay que hacerles entender que en nuestro nombre no se puede secuestrar y asesinar. Y es que las FARC realmente creen que ellos luchan por el pueblo. El discurso de este grupo es que el pueblo si los apoya; que si la mayoría no se manifiesta en su favor es solo por ceguera. En otras palabras: ellos si saben lo que el pueblo necesita y quiere; no importa que el pueblo no lo sepa... ni quiera!.
La mayoría de la comunidad internacional ven como un objetivo el intercambio humanitario. Las FARC sólo piensan en el intecambio de manera instrumental, es decir, si sirve a su objetivo principal: el poder nacional o territorial. Pero como sería el poder en manos de las FARC? bueno, eso no es difícil averiguarlo. Las FARC pretenden un socialismo, pero qué tipo de solialismo? he ahí el problema: ni ellos mismo lo saben. Está claro que a ellos los aporreó bien duro la caída del Muro de Berlín. Pero si bien las FARC no saben para qué el poder, si está claro cómo lo ejercerían. Las Farc donde han o tienen influencia nos han dado un anticipo poco agradable de su forma de ejercer el poder. Sus actuaciones no son más que una consecuencia de la forma como sus líderes ven el mundo. En sus quisquillozas mentes sólo hay verdades reveladas (la de ellos) y lo que no se encuadra dentro de las mismas, no sólo no debe tenerse en cuenta sino que debe ser obejto de supresión.
A mi no me gusta el gobierno de Uribe, pero si tengo claro que una cosa es Uribe y otra las FARC. Quienes pretenden colocarlos en los mismos extremos confunden Dinamarca con Cundinamarca. Uribe es autoritarismo, las FARC son totalitarismo. Nos toca por ahora hacer causa común con Uribe contra las FARC. Después ajustaremos cuentas democrática, sociales y políticas con esa oligarquía que encarna el actual gobierno y que se alimenta precisamente de una Guerra que los colombianos, los del pueblo, no queremos.
Uribe con su estrategia militar se cree la encarnación criolla de Napoleón, pero si bien pareciera ser de su misma estatura, no esta a la altura del genio militar y político del ilustre francés. Ayudémosle entonces en lo político. Que los hombres de armas: nuestro ejército haga lo militar incorporando los Derechos Humanos como parte de la estrategia para ganar esta guerra.
Estoy persuadido que el cese del conflicto no es la paz. Pero estoy convencido que el silencio de las armas es requisito sine qua non para acabar empezar a buscar la paz y para ajustar cuentas con esta oligarquía que se nutre y fortalece por el tronar de las balas.
Vamos pues a involucrarnos en el conflicto y a combatir políticamenta a las FARC. Uribe se irá y vendrán otros. Pero las FARC seguiran ahí con este conflicto, sin tener idea de para qué continuar con el mismo y sin creatividad ni voluntad para bien acabarlo. El conflicto se ha vuelto entonces un fin en si mismo. A algunos de extrema derecha y por supuesto, de extrema izquierda les sirve, pero a usted y a mi como parte de este pueblo que pone los secuestrados y los muertos, el mejor negocio es acabar esta barbarie, para ahí si, como todos los pueblos latinoamericanos, centrarnos en la oligarquía.
Bogotá, enero de 2008
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